El mercado ha corregido el valor de un objeto. Así de sencillo. Supongo que lo mismo pasa con cualquier otra cosa, sin embargo a veces se ven cosas muy raras, que normalmente pasan desapercibidas.
El otro día estaba en el Opencor de debajo de mi oficina buscando algo para desayunar, cuando me fijé en la gama de Donuts. Vi que tenían toda la variedad de los recientes Donuts Mini, y me dio por compararlos con los Donuts normales. Esto fue lo que vi:- Caja de Donuts blancos de toda la vida: 4 unidades con un peso de 192 gramos en total, por 1,80 euros. El precio por kilo de rosquilla es de 9,38 euros.
- Caja de Donuts Mini blancos: 5 unidades con un peso de 110 gramos en total, por 1,95 euros. El precio por kilo de rosquilla es de 17,73 euros.
Exactamente el mismo producto, pero uno vendido a un precio muchísimo más caro que el otro. Y todo por la posibilidad de tener un donut un poco más pequeño, que haga que la gente no se sienta tan culpable por comerse un donut de los grandes entero.
Ahora pensemos. Si no quieres comerte un donut grande y prefieres comerte uno pequeño, es obvio que no te vas a comer toda la caja de 5 donuts pequeños, sino que te comerás uno. Con el resto una de dos: o los dejas para más tarde o los compartes. En ese caso podrás compartirlos con otras cuatro personas. Sin embargo, si compras una caja de donuts grandes puedes hacer una cosa: partirlos por la mitad. Así te salen ocho mitades, siendo el peso de cada una de las mitades de 24 gramos. El peso de un donut mini es de 22 gramos. Bastante parecido, y la ventaja es que en vez de 5 donuts mini tienes 8 mitades de donuts, que puedes compartirlos con aún más personas.
Conclusión: Panrico, la empresa que fabrica los Donuts, está haciendo su agosto ya que ha conseguido vender su producto a un precio muy superior al que se está vendiendo en el mercado, y los clientes lo compran sin pensar que están siendo timados, ya que pueden conseguir el mismo producto a un precio mucho menor simplemente cortando por la mitad los donuts de siempre.
A ver si nos fijamos un poco en lo que adquirimos, y pensamos si realmente estamos pagando un precio justo por ello. Yo dejé de desayunar en la calle porque me negaba a pagar un euro por café o colacao. Pero esto, claro, es sólo mi opinión.
